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al vaivén de nuestra hamaca

Pero en el presente esta tu voz y en el futuro nuestro amor.. Una voz pegajosa se agarra a las paredes y se va escurriendo por ellas ensuciada de cal. La voz familiar anunció que estaban a punto de cruzar el umbral del pasado. Entonces lo oye, a través del suelo: ese despertador con timbre idéntico al suyo, el mismo nervio, igual antipatía, demonio clónico del que cada día le expulsa a ella del umbral sabroso de la irrealidad. Pero hablaba un idioma diferente y, cuando aprendió el nuestro y supo lo que significa traspasar ese umbral, prefirió despedirse. Su principal baza es que es muy fácil de conectar y de usar, ya que es automático. Fue finalmente al caer al suelo, cuando observó perpleja como los miles de hojas que formaban la tupida bóveda se mofaban de ella, como ella lo hiciera hace tan solo minutos. Veinte metros más allá, Teresa yace en el suelo, la maleta aún tintinea. Teresa guarda los gorros andinos en la maleta metálica con que protege la mercancía y camina, con dificultad por el peso, demasiado para una india chiquita como ella, hacia la boca de Metro.

Algunas amistades (también el rostro perplejo de los viandantes) descubrieron que mi cuerpo estaba convirtiéndose en humo, como ese personaje de una película de Woody Allen que se vuelve borroso, ya en el umbral de su ocaso. Al despertarse, la princesa Sibilina encontró en el umbral de su puerta una gran vasija llena de ranas, tal y como había pedido. Con una potencia de 1.600 vatios, una capacidad de dos litros y dos velocidades distintas, este modelo permite cocinar en cuatro pasos: pesa los ingredientes en su báscula integrada, selecciona tiempo, ajusta temperatura, y regula velocidad. La línea de hinchables de animales ha crecido con la vía de lo mitológico, con este unicornio que llega a competir con el flamenco. El más moreno de flamenco echado “palante”. Se estremeció. Los recuerdos la envolvieron con la misma rapidez con que, instantes antes, había rasgado el papel del inesperado paquete que encontró en su buzón. De pronto volvió a sonar el teléfono y el fax no paraba de escupir papel y el timbre de la puerta no paraba de llamar. Abrí la puerta del fondo y aparecí en otra historia.

La mayor parte del día la pasaba sentado en el umbral de su puerta. En esterillas del Todo a 100. Bajo sombrillas mal colocadas o escondidos detrás de esas horteras gorras de playa. Las sombras de murmullo dan la vuelta por las esquinas; las luces quedas del pueblo me observan a cada paso y tartamudean su luz al ritmo sordo de mis pies. La acompañé hasta allí y nos tendimos sobre las tumbas. Llevar sobre los hombros tamaña familia de mujer que al ciclo siempre alumbra condiciona. Primi, la del séptimo derecha, hamacas para colgar sostiene que Pedro Pómez no tiene familia ni amigos. No tengo familia sino recua de bravos insaciables. Una cualidad que la hace ideal para reuniones familiares o con amigos. Oigo una música. Espero. Hablamos de la silla, una pieza de mobiliario que representa, en cierta manera, la evolución de la Humanidad. Quizá se encuentra ahí la explicación a la estupidez humana de considerar que el último esfuerzo es el más dificil.

Escribo este microrrelato, como homenaje a mi padre, que ha sido un hombre que todo lo que ha conseguido ha sido gracias a su esfuerzo personal y por tener a su lado a una mujer maravillosa que es su esposa. Hoy descubro que no las detesto tanto: son una forma cómoda de carecer de preguntas, motivos, ideas, y, por supuesto, culpables. La pobre y desinteresada tejedora se sintió tan humillada que recuperó su originaria forma y se marchó del poblado con un gran disgusto. Los electroestimuladores, aparatos capaces de enviar impulsos eléctricos a los músculos por medio de electrodos, han sido una buena forma de mantener el tono muscular durante estas largas semanas de confinamiento. No, no puedo salir a tomarme una copa sin más. Nuestro cerebro gracias a Dios, hace una gran selección y sólo nos quedamos con las realmente importantes. Vale, en los próximos días vas a poder hacer deporte y dar paseos gracias al progresivo desconfinamiento, pero no nos engañemos, aún te quedan muchas, muchas horas de televisión que ver antes de que se recupere cierta normalidad. En todas aquellas parcelas que constan de umbral y que sólo por eso mismo tienen razón de existir.

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